Puerto la Cruz, Viernes 27 de junio de 2008.
Era un día común y corriente. Un día más, sin expectativas ni esperanzas. Una mañana rutinaria, en medio de gente normal. Sin arcoíris ni lámparas maravillosas.
Ese día en particular no esperaba palabras mágicas ni hechos fantásticos, ni tan siquiera salir airosa de la práctica cotidiana… sólo darle tiempo al tiempo, y que al final de la tarde tuviese en casa, esperando por mí, el mismo rincón que en la mañana abandoné para hacerle frente a la calle.
Una llamada tuya no logró levantar sospechas. Simplemente era la usanza de los miércoles. Una película o tal vez un café cuando la hora lo permitiese. Un tiempo compartido que nos balanceaba entre varios mundos, pero que nunca pensó siquiera en detenerse en algún sitio.
Esa tarde, cuando no hubo nada más en medio del camino, pasaste por mí. Yo acababa de recoger en casa algo con qué abrigarme, y rápidamente el tiempo sola se convirtió en algo más, sólo que era algo más que ya muchas veces había ocurrido, así que no esperaba sorpresas ni estrellas fugaces. El camino de costumbre estaba siendo recorrido, y nos fuimos tomando las manos de a poco, sin mirar a ningún lado.
Así como así, la tarde siguió su rutina de miércoles en horario vespertino. Sólo que esta vez la gente nos miraba, lo sé. Lo sé porque alguien me preguntó quién eras con cara de picardía, y no sé si pude ocultar que me ruborizaba al decir que sólo éramos amigos; lo sé porque reíamos mucho antes de callar para ver la película, y porque la persona que estaba a tu lado nos daba una ojeada de vez en cuando y sonreía, pensando quién sabe qué cosas.
Todo estaba en su lugar, sin más ni menos que la sonrisa ocasional y el roce momentáneo que se había hecho costumbre regalarnos. Pero era todo, no hubo señales, ni nada que levantara alguna sospecha. Sólo que en cierto momento te sentí lejano, aunque estabas allí, junto a mí; aunque podía sentir tu calor y casi podía escuchar tu corazón latiendo, aún así, no era suficiente. En ese instante no podía dejar de mirarte, a pesar de que la damisela estaba en peligro y su príncipe acudía al rescate, aunque los piratas viajaban ahora al fin del mundo a rescatar al capitán perdido, a pesar de todo y de nada, yo sólo podía mirarte a ti.
Y descubrí que me mirabas también, y no hubo forma de escapar de ese instante en el que se encontraron al mismo tiempo todas las estrellas fugaces, las lámparas maravillosas, las sorpresas, los arcoíris, las expectativas y las esperanzas… El momento en que te sentí acercarte, porque aparentemente también me sentiste increíblemente lejana, aún estando a tu lado.
Ese beso, incluso sin saberlo, fue el inicio de mil historias maravillosas que hemos compartido hasta ahora. Fue la llave que abrió la puerta que en cierto momento decidí cerrar… por miedo, o quizá por resignación, por sentir tal vez que no era posible encontrar alguien capaz de ver los infinitos mundos que conviven en este loco planeta, alguien que se atreviera a vivir, pero siguiera siendo en el fondo un adicto a soñar. Alguien que volara conmigo y me dejara abrir mis alas, alguien que estuviese allí para darme una mano cuando el camino me resultara difícil, y que me inspirara a ser para él un hada madrina de cuento fantástico, siempre allí para ayudarlo a salir de las dificultades.
A pesar del desorden inicial, a pesar de no saber qué hacer conmigo, a pesar de cualquier cosa… gracias por acercarte, gracias por ese beso, gracias por hacer que me perdiera una parte de la película más importante de mi vida, gracias por hacerme dudar y al mismo tiempo no poder evitar besarte también. Gracias por ese beso, pero sobre todo, gracias por todo lo que trajo consigo.
Déjame entonces besarte siempre, para transformar mis días comunes en historias épicas, para vivir nuevamente la emoción de ese primer contacto, y transmitirle al pasado la alegría que me brindas ahora. Déjame besarte para decirle a mis días de ayer que la felicidad existe, y que te esperen, porque eventualmente les regalarás un universo entero de dulces sensaciones. Déjame besarte para decirte ahora y siempre, sin miedos, sin interrogantes, que todos mis besos son tuyos, y siempre lo fueron, aunque hayamos llegado algo tarde a este letargo de amor. Para poder decirte lo que creas en mí, déjame besarte más allá de los límites de lo material, déjame hacer que perdamos el sentido y por un momento olvidemos que existimos y a la vez nos sintamos más vivos que nunca. Déjame besarte ahora y siempre, déjame amarte ahora y siempre…
Ya no necesito lámparas mágicas. Todos mis deseos se han cumplido en ti.
Feliz aniversario del desastre que nos unió,
¡Feliz Jack Sparrow!
A ti, el comodoro de toda mi flota…
Always yours,
3 comentarios:
Woooow..! Felicitaciones vale.. Me das un poco de envidia.. jejeje Me alegro por tí.. ;)
Ya retomé mis actividades bloggeras después de regresar de Puerto Ordaz.. Así que estaré dando más vueltas para escuchar tus gritos orientales..
Felicitaciones Doc para los dos... ;)
Conchale ya llevas tiempo montada en ese barco...
"Saludos Monocromáticos"
MI VIDA KABOOM!!! TARDE PERO SEGURO, LA VERDAD NO SE Q ERA DE MI VIDA ANTES DE CONOCERTE.... SUKI DA YO, MI NORTH!!!
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